
Pero este Tour viene marcado por dos situaciones que, en mi opinión, desvirtúan totalmente una carrera y un deporte que siempre se ha destacado por la lucha sin cuartel, los "hachazos", el ataque sin piedad... El día 19, subiendo el Port de Balés, y nada más lanzar un buen ataque, al luxemburgués se le salió la cadena, y Alberto, que venía lanzado para pegarse a su rueda, le pasó y siguió adelante, y en una bajada enorme junto a Samuel Sánchez y Menchov, superó la desventaja de 31 segundos que tenía frente a Andy y acabó por ponerse el jersey amarillo con ocho segundos de ventaja. La polémica estaba servida, y algunos dijeron que debió esperar a Schleck, que no debió atacarle porque había sufrido una avería, etc., etc., hasta el punto de que en su twitter, el pinteño acabó pidiendo perdón por lo que había hecho. Y yo, por aquel entonces, ya estaba alucinando. ¿Por qué ha de pedir perdón por hacer su trabajo? ¿Es que Schleck le esperó cuando en el adoquinado su bicicleta se averió? No, ¿verdad? Pues entonces, ¿por qué Alberto debía hacerlo? Pero la presión es grande, y Contador sabía que no podía estar aguantando silbidos hasta el final del Tour, y por eso publicó esas palabras pidiendo disculpas en su twitter.
La cosa siguió adelante, con las consiguientes discusiones entre los partidarios de un mal entendido fair.play y los que pensamos que el ciclismo es un deporte y que los imponderables están ahí para todos y que cuando le ocurra a Alberto nadie le va a esperar. Hasta que llegamos a la etapa del jueves, la etapa reina que acaba por segunda vez en la historia en el mítico Tourmalet, con agua, niebla y todos los ingredientes para una gran tarde de ciclismo del bueno. Pero, ¿qué ocurrió en la esperada subida al coloso de los Pirinéos? Pues que a falta de unos diez kilómetros para meta, Andy Schleck lanza un ataque brutal, desde lejos porque es la única forma de distanciar al de Pinto en tiempo suficiente como para aspirar a algo en la contrarreloj de esta tarde. Y Contador se pega a él como una lapa, van superando a corredores y se plantan arriba los dos juntos. Andy se dio cuenta de que era imposible dejar de rueda a Alberto y pensó que lo mejor era sacar el mayor tiempo posible a Samuel Sánchez y Denis Menchov, teóricamente mejores que el contra el crono y que podrían quitarle el segundo escalón del podium parisino. Alberto se niega, en buena lógica, a colaborar con Schleck cuando repetidamente éste le pide que pase al frente, y llegados a los últimos metros, Contador decide no disputar la etapa a su máximo rival para el triunfo final. No tuvo en cuenta detalles tan importantes como el hecho ya reseñado de que este puerto no ha sido final de etapa más que una vez anterior, y que si es prestigioso ganar en otras cimas, en esta más todavía. No tuvo en cuenta a los miles de aficionados que se agolpaban en las márgenes de la carretera y que pasaron calamidades desde la mañana o incluso el día anterior para ver ciclismo, y sólo tuvo en cuenta el hecho de quedar bien con la opinión pública y la prensa francesas, templar gaitas y ser políticamente correcto. Y me cabreé mucho...

Nos estamos volviendo locos, Alberto, y tú tienes mucha culpa de ello. Y espero que, querido Alberto, después de ganar tu tercer Tour y cuando estés en la playa de vacaciones, medites sobre lo que ha pasado estos días y para la próxima vez que te subas en una bicicleta lo hagas como antes, con la victoria en el punto de mira sin importarte lo demás, porque lo demás no importa. Los imponderables son parte del deporte y al que le ocurren debe admitirlos como vienen, pero al que no los sufre no deben importarle. Este Tour contará en tu palmarés, pero para mí es como si no lo hubieras ganado. Espero que pronto estés de vuelta en el ciclismo, pero de verdad.
Y ahí está. Tras mucho sufrimiento, que se podría haber ahorrado si hubiera actuado como un ciclista de verdad en el Tourmalet, Alberto Contador ha ganado su tercer Tour, salvo desgracia que esperemos no ocurra de hoy a mañana en los Campos Elíseos.
ResponderEliminarEn la fuente de la Plaza de José Crespo, a 50 metros de mi casa, los primeros bañistas empiezan a celebrar el triunfo de nuestro paisano, pero, sinceramente, ¿ésto es ciclismo?