Para completar el reto que a finales de 2011 propuso mi querida amiga Ana Kayena en su blog Kayena: Negro sobre blanco, he elegido una obra de teatro, ya que es el género que menos había leído de don Miguel de Unamuno, del que siempre seguí su poesía y su prosa, ya fueran novelas o ensayos. Por tanto, me decidí por esta pequeña maravilla de teatro clásico con su chispa de humor y de drama a la vez, además de la consabida crítica social que don MIguel siempre imprimió a sus obras.
Autor:

En 1924 Unamuno fue destituido de su puesto de rector de la Universidad de Salamanca por el dictador Miguel Primo de Rivera. Fue desterrado a una de las islas Canarias, pero se refugió en Francia. Volvió a Salamanca en 1931 y ocupó de nuevo el rectorado de la Universidad de Salamanca, donde continuó su vida de intensa intelectualidad. Unamuno poseía una cultura muy amplia. Conocía lenguas y literaturas modernas y antiguas y le interesaba la filología. Las obras de Unamuno se distiguen por una fuerte preocupación filosófica e incorporan sus estudios de Kant, Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Schopenhauer e Ibsen.

Además de preocuparse por el futuro de su país, Unamuno mostró una profunda preocupación por su fin personal. La fe es un problema central en su obra, pero no le interesaba la fe estática sino la fe individual y personal. Para Unamuno el anhelo de Dios y de la inmortalidad era tan importante como el aspecto científico-racional del individuo. Reconoció, sin embargo, que la fe tradicional no podía sostenerse ante los avances científicos modernos. Según Unamuno, la persona siente la necesidad de Dios y la fe llega a ser una afirmación del individuo. Sin embargo, Unamuno insistió que el aspecto racional de la persona no le permite creer ciegamente.

Unamuno es uno de los escritores más importantes del grupo llamado la "Generación del 98," preocupados por el futuro de España ante el mundo moderno. El año 1898 fue el en que España perdió sus últimas colonias ultramarinas, hecho que provocó un examen de la situación histórica del país. Los escritores identificados con la Generación del 98 abogaban por una "europeización" de España. Para Unamuno esa europeización debía abarcar también una "españolización" de lo europeo.

La vida de don Quijote y Sancho (1905) sirve como contraposición a la idea de la europeización de España. En este libro se realza la independencia y el voluntarismo de don Quijote, el cual representa el alma española rechazando la lógica para seguir su propia fe y visión personal. El "problema de España" se define ahora como una falta de "Quijotes," y Unamuno insiste en la necesidad de "rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón."
Algunos críticos consideran que la filosofía de Unamuno anticipa el existencialismo de los años 30, 40 y 50, y usan el término "pre-existencialista" para hablar de la obra unamuniana. A otros críticos les parece más apropiado hablar del "vitalismo" unamuniano. No importa tanto la clasificación de la filosofía unamuniana, en parte porque ésta evolucionaba a lo largo de la vida del autor, pero impregna toda su copiosa producción literaria. Miguel de Unamuno fue autor de novelas, poesía, teatro y ensayo y en su asombrosa y prolífica obra artística se encuentra la manifestación de su preocupación por la inmortalidad.
Los temas predilectos de Unamuno--la inmortalidad, la procreación, la maternidad, la lucha del individuo por realizarse--no son sino pretextos para la exploración de sus ideas filosóficas. Empleaba un lenguaje esencial, sin adornos, para transmitir sus ideas. Buscaba un estilo desnudo que permitiera desplegarse una densidad de ideas. Unamuno luchaba con el lenguaje para conseguir lo que él llamaba "una lengua seca, precisa, rápida, sin tejido conjuntivo." Sus personajes casi carecen de descripción física, ya que lo que los definen es la lucha interior.

Unamuno adaptó el tema bíblico del cainismo en su novela Abel Sánchez (1917), ampliando el tema de la envidia al reconocer una dialéctica entre el envidiado y el envidioso, que se necesitan mutuamente. No es que haya víctimas y verdugos, sino que todos llevamos dentro un Caín y un Abel luchando en íntima tragedia. Ante este destino trágico Unamuno propone la caridad y el perdón como únicas respuestas.
Unamuno unió tres novelas cortas bajo el título de una de ellas, San Manuel Bueno, martir (1931). En la novela aparecen unas de las grandes obsesiones unamunianas: la inmortalidad y la fe. El protagonista de San Manuel Bueno, martir es un cura que pierde la fe. Este hombre, sin fe ni esperanza, se convertirá sin embargo en ejemplo de la caridad. Unamuno establece un contraste entre una verdad trágica y una felicidad ilusoria, optando en esta obra por la segunda, a diferencia de lo que había sostenido en obras más tempranas.

El teatro de Unamuno no es sino continuación de su obsesión con el conflicto íntimo del individuo. En obras como Fedra, El otro, La venda y El hermano Juan intentaba presentar directamente ese conflicto. Se nota en la obra dramática, igual que en sus novelas, una reducción casi absoluta a la palabra y la acción. y una intriga mínima. Es casi imposible discernir entre teatro, novela y poesía en Unamuno, ya que su obra es equemática dentro de un contexto de diálogos intelectuales y ensayísticos que llevan a los personajes a "monologar."
Cuando las tropas nacionalistas de Francisco Franco se apoderaron de Salamanca al principio de la Guerra Civil, Unamuno resumió su opinión de la política del "Generalísimo" en la consabida conclusión concisa: "Venceréis, pero no convenceréis." Por su postura ante las fuerzas franquistas, Unamuno fue destituido y sufrió arresto domiciliario. Murió repentinamente el 31 de diciembre de 1936.
Datos técnicos:
Autor: Miguel de Unamuno
Editorial: Biblioteca Nueva
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 144
Fecha de publicación: 1998
ISBN: 9788470305481
Precio: 7,00 euros
Sinopsis:
En una isla perdida vive la joven Elvira de Solórzano con su padre Don Juan Manuel. Ésta se ha enamorado platónicamente de la figura de Tulio Montalbán, un héroe nacional cuya biografía acaba de leer. Un día coincide con un extraño personaje llamado Julio Macedo, por el que se siente atraida. Él le confiesa que conoció a Tulio y hubo de asesinarle para evitar que se convirtiese en un tirano. Elvira entonces lo rechaza y él marcha apenado. Sólo volverá para despedirse, no sin antes confesar que él es realmente Tulio, que buscaba la paz y la tranquilidad en la isla y que no podía aceptar a Elvira una vez que ella lo había rechazado bajo su personalidad de Julio. Finalmente acaba pegándose un tiro.
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Mi opinión:
Como decía arriba, no había leído ninguna obra de teatro de Unamuno, por lo que me animé con esta, y la verdad es que no me ha defraudado para nada. Publicada en 1926 y estrenada en 1930, justo en el espacio de tiempo en que estuvo primero confinado en Canarias y después exiliado voluntariamente en Francia. Tal vez por eso en esta obra habla del confinamiento en una isla perdida de los personajes. Está basada en un relato breve que había escrito en 1920 titulado "Tulio Montalbán y Julio Macedo", aunque le da su toque dramático a una historia muy simple pero llena de crítica social, como no podía ser menos.
¿Qué voy a decir de su lenguaje? Como siempre, exquisito, por lo que esta vez sobra el nuevo punto de mis reseñas donde apunto los errores ortográficos y sintácticos. Los genios no necesitan correctores de estilo, ni creo que don Miguel lo hubiera permitido. En cuanto al estilo, muy suyo, como en todas sus obras, aunque con la componente de los diálogos y la nula descripción que van unidas al género teatral. Lenguaje claro y directo, correcto y elegante. ¿Qué más se puede pedir?
Por mi parte, encantado de haber elegido esta obra, y seguro de que leeré algunas más en el futuro. Totalmente recomendable para los que tanto "miedo" tienen a leer a Unamuno.
Os dejo una serie de enlaces donde encontrar información sobre don Miguel de Unamuno. De algunos de ellos he sacado la información sobre la biografía y las fotos:
Vaya, pues no he leído esta obra, también es verdad que, aunque me gusta el teatro, en el caso de Miguel de Unamuno nunca me planteé leerlo. Ya te contaré si me animo.
ResponderEliminarUn beso.
A mí me ha gustado. Seguro que no te defrauda... Besos.
EliminarPues con el teatro de Unamuno no me he animado. Lo he hecho con la novela, con el ensayo, con su poesía... Pero de teatro nada de nada. Así que me apunto este título, que por lo que cuentas, creo que me va a seguir gustando.
ResponderEliminarBesotes!!!
A Unamuno se le tiene bastante miedo, y al menos a mí esta obra me ha gustado y me ha resultado amena. Besos...;)
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