Era el año 1982 cuando empezaba mis estudios universitarios. Las clases en horario de tarde, a partir de las 15,30, y los trenes, escasos a esas horas. Para llegar a tiempo debía coger un tren que pasaba por Pinto a las 13,20, porque el siguiente pasaba a las 14,30 y era imposible llegar. Pero ese tren de las 13,20 no era de Cercanías, sino que venía desde Linares, creo recordar, y raro era el día que pasaba a su hora. Más de una vez llegué tarde a mis clases porque llevaba retrasos de hasta 40 ó 50 minutos. Debía comer a las 12,30 y muchas veces volvía bien entrada la noche porque había retrasos, averías... Los horarios, como podréis imaginar, eran malísimos y con un poco de suerte, en las horas punta, los trenes pasaban cada 30 minutos, si es que había suerte y no se producía algún contratiempo. A veces, tras un par de horas en el tren de vuelta -y no exagero nada- los viajeros nos habíamos hecho amigos y charlábamos como si nos conociéramos de toda la vida, y alguno besó el suelo del andén al bajarse en la estación.
Eran tiempos en los que se reivindicaba para conseguir más trenes en todas las líneas, aunque la nuestra, la de Aranjuez, siempre fue la hermana pobre de las de Cercanías de Madrid, y así seguimos muchos años. De hecho, ahora estamos igual. Mientras que la línea de Parla tiene trenes cada 5 minutos en hora punta y cada 10 ó 15 en hora valle, la de Aranjuez tienen trenes cada 10 ó 15 minutos en hora punta y cada 30 en hora valle. Tan es así que como pierdas un tren a las 11 de la mañana, puedes ver hasta 3 trenes de Parla pasando por la estación de Atocha.

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